En casas entregadas por Invipasto para victimas solo cabe una cama.

Víctimas del conflicto armado residentes en una zona rural del municipio de Pasto, Nariño, están indignados con las viviendas que les construyeron. Afirman que se burlaron de ellos.

Foto: Abra Noticias

Una familia integrada por más de 5 personas podría vivir en hacinamiento en una casa construida de tres metros de ancho por tres metros de largo, para ellos no es una casa sino una caceta para un vigilante.

Cuando había salido el proyecto de ayuda para las víctimas, algunas familias salieron desde el corregimiento de Santa Bárbara, ubicado a unos 30 0 40 minutos del casco urbano para entregar los documentos con la ilusión de tener un techo seguro para sus hijos, esposa u esposo.

Perdieron ilusiones 

Sin embargo, dicen que perdieron todas las ilusiones cuando llegaron a construir las casas, puesto que observaron a los maestros o contratistas de las obras que empezaron hacer la supuesta casa que para ellos solo fue un cajón y es insuficiente para vivir una familia.

La progenitora de una de las víctimas y beneficiaria del proyecto habló con el medio local www.abranoticias.com y contó que hace unos 10 años atrás hicieron entrega de verdaderas casas, pero hoy lo que entregan es una caceta de celador.

“Esas casas tienen dos piezas, baño, cocina y sala, son grandes, esas sí son viviendas dignas que beneficiaron a dos familias. Eso fue como hace 10 años atrás. Muy diferente a las que construyeron hoy”, expresó la progenitora.

«Solo cabe una cama»

Agrega que la casa de 3×3 tiene un costo de inversión de 9 millones de pesos. “Ella tiene dos hijos y su esposo, son cuatro en total. Pero ella al ver eso se sintió muy triste se fue a vivir a otro lado, le dije al maestro son dos hijos ella y el esposo y ahí no alcanzan, solo cabe una cama, el armario, la cocina no tiene a donde instalarla”.

La madre de la víctima, nos cuenta que su hija como beneficiaria estaba contenta y con ilusiones de recibir una casa digna y por eso había indicado un lote de 10 metros, pero los resultados finales fueron otros no de alegría sino de tristeza. Afirman que a los gestores de esos proyectos que dicen ayudar a las víctimas debería darles vergüenza.

«Fuimos víctimas»

“Uno cierto es pobre, y ella vive arrendando y ahora se fue para Santander en busca de trabajo, pero le toca seguir viviendo en casas arrendadas. Nosotros fuimos víctimas, cuando todo pasaba nos tocaba aguantar y rezábamos que no nos pasara nada, permanecíamos quieticos a dentro mientras que los grupos armados se paseaban afuera. Eso fue como en el 2000, pero gracias a Dios no hubo muertos, aquí nos favoreció Santa Bárbara que es nuestra Patrona. Nunca hubo secuestro solo se andaban paseando, pero teníamos miedo. A los que sí tenían les pedían la ‘vacuna’”.

Llamado a Invipasto

La madre, dice que no está de acuerdo con esas viviendas y pide que se haga más grandes, lo cual hacen un llamado a Invipasto. “Tengo 4 hijos, pero si me diera una casa de esas no la recibiría y seguiría arrendando como lo hace mi hija. A mi me da posada mi otra hija, si ella me saca no tengo a donde irme. Esto es una vergüenza y burla para las víctimas. Se vienen a burlar con los pobres campesinos”.

Las supuestas casas para las víctimas cuestan 9 millones de pesos, por lo que los beneficiarios que afirman haberse burlado de ellos, con ese dinero habrían construido una casa mejor si les hubieran entregado en efectivo los recursos. “Hacíamos las dos piezas, la cocina y el baño, con 9 millones se hace una casa grande”.

Casas no pueden vender

Casas con medidas de 3×3 las construyeron para tres familias víctimas, que también están inconformes. “Pedimos que nos ayuden con una cosa buena, una vivienda que sea digna. Ella lloraba y decía como nos van hacer una pieza que ni para bodega sirve. La beneficiaria se llama Omayra del Carmen Potosí, quien fue víctima del conflicto armado”.

Dicen que perdieron las ilusiones cuando los maestros llegaron a trazar el lote, luego descargaron 700 ladrillos, 4 hojas de eternit y algunos pocos bultos de cemento. “Los funcionarios dicen que no se puede vender ni arrendar hasta los 5 años. Pero quien va a comprar eso. Una profesora nos decía que vendiéramos cafecito cuando hay algún difunto, que además, ellos también se mostraron indignados y solo movían la cabeza al ver esta construcción. Todos quedamos desilusionados”.

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